Summer
Summer
El oficio de limpiar, el caos y la escritura
Pocas cosas disfruto más que limpiar mi casa. Levantarme temprano para aprovechar la amarilla luz matutina que entra por el baño, y limpiar cada una de las líneas de pegamento que separan los mosaicos de la pared y el piso. Barrer la alfombra y caminar de puntitas por las orillas para no pisarla y no estropear la superficie parejita de los pelos volteando todos hacia un mismo lado. Contemplar el fregadero vacío, los trastes en su sitio, la mesa brillante y las hojas de las plantas limpias; ya es el paraíso cuando logro sacar la basura ese mismo día. Después de esto, contemplo desde diferentes ángulos mi obra; luego, me gusta dormir, siento que floto junto con las partículas de los aromas de pinol y jabón Roma y Zote que se difuminan poco a poco.
Creo que las personas a las que no les gusta limpiar porque lo relacionan con el trabajo y la explotación (en las mujeres lo entiendo, pero en los hombres... no se pasen...) se pierden de practicar una metodología aplicable a cualquier disciplina del orden y de la satisfacción de la recompensa por un trabajo duro y la sensación de que estás cuidando de ti y del espacio que te permite habitar y relajarte.
Siento algo similar cuando escribo, le pongo orden al alboroto de las ideas en mi cabeza y al caos de las emociones atoradas en mi pecho y en mi garganta con carraspera. Luego contemplo el orden de las letras, los puntos y las comas y siento también que floto entre aromas y texturas organizados armoniosamente.
Luego, la casa se ensucia nuevamente, en un par de horas o en días. Pero esto es importante y no debe ser decepcionante porque nos recuerda que la falsa idea de la quietud y estabilidad que siempre estamos persiguiendo --el momento preciso en que ya encontramos el trabajo, la pareja, la casa, el peso, el cabello o la piel perfecta, o que ya estamos libres de deudas y pendientes-- es solo una sensación momentánea, como cuando terminaste de limpiar o pusiste punto final a un texto, pues luego vuelve el caos, el desorden, los pendientes, los pleitos y más emociones e ideas a las que nuevamente hay que llevar a la página para peinarlas, pulirles los zapatitos, cortar sus uñas, coser las bastillas, etc.
Un millón de cuartos propios, Tamara Tenenbaum
Las Kodak girls
Mujeres que molestan mujeres
Hay mujeres de manos largas que molestan a las mujeres de manos cortas. Desde lo lejos, extienden sus largos dedos hasta alcanzarlas. Les pican las costillas, les jalan las greñas, les tapan la boca, las toman de las pantorrillas para hacerlas tropezar, les pican los ojos, las ahorcan, las abofetean, las aprietan de las muñecas, etc. Cuando una mujer de manos cortas se ha ganado el odio de una mujer de manos largas, en cualquier momento puede sufrir un ataque.
Tuve una vez una jefa de manos y dedos muy largos. Su piel estaba cubierta de manchas porque ya era vieja. Sus dedos deformes llevaban anillos de oro con rubíes y esmeraldas. Aunque yo me encontraba lejos de ella, en otro edificio, en otra colonia o en otra ciudad, sus manos me alcanzaban. Me tapaban la boca y nariz para que no pudiera hablar ni respirar. A veces me pellizcaba o me clavaba las uñas. En las puntas, sus dedos tenían pequeñas boquitas con dientecitos que me mordían y arrancaban trozos de piel. Por mucho tiempo llevé moretones y heridas abiertas todo el tiempo. Yo trataba de esquivar sus ataques pero pocas veces lo lograba, mis manos eran demasiado pequeñas para sostener las suyas, además, ella tenía un séquito de mujeres de manos pequeñas, pero de ojos y orejas grandes, y de odios y miedos aún más grandes que la ayudaban. Le avisaban cuando yo estaba desprevenida o me empujaban entre varias a un sitio en el que mi jefa pudiera mejor alcanzarme y jalonearme y sacudirme.
Terminó aplastándome de un manotazo. Un día que estaba molesta porque hacía calor, y en el que su asistente le había servido el café muy caliente, su chofer había llegado tarde y había pisado un charco por accidente llevando sus zapatos de gamuza miel que tanto le gustaban y que había comprado en un viaje a Chicago con su esposo.
Me gané su odio no por tener manos pequeñas sino por no sentir vergüenza por ello; por no pedirle perdón cada vez que me llamaba a su oficina y presentarme ante ella con manos tan cortas; por no codiciar sus largos dedos y todas sus habilidades. Por no alabarlos, como lo hacían las otras mujeres, las que me utilizaban para entretenerla: se arrodillaban cuando ella pasaba y siempre la acompañaban y seguían a todos lados. Hay un nombre para las mujeres de manos cortas que apoyan a las mujeres de manos largas, así las llamamos, pero hoy no lo voy a escribir.
Smail – a therapist, but one who makes the question of power central to his practice – confirmed the hypotheses about depression that I had stumbled towards. In his crucial book The Origins of Unhappiness, Smail describes how the marks of class are designed to be indelible. For those who from birth are taught to think of themselves as lesser, the acquisition of qualifications or wealth will seldom be sufficient to erase – either in their own minds or in the minds of others – the primordial sense of worthlessness that marks them so early in life. Someone who moves out of the social sphere they are ‘supposed’ to occupy is always in danger of being overcome by feelings of vertigo, panic and horror: “…isolated, cut off, surrounded by hostile space, you are suddenly without connections, without stability, with nothing to hold you upright or in place; a dizzying, sickening unreality takes possession of you; you are threatened by a complete loss of identity, a sense of utter fraudulence; you have no right to be here, now, inhabiting this body, dressed in this way; you are a nothing, and ‘nothing’ is quite literally what you feel you are about to become.”
For some time now, one of the most successful tactics of the ruling class has been responsibilisation. Each individual member of the subordinate class is encouraged into feeling that their poverty, lack of opportunities, or unemployment, is their fault and their fault alone. Individuals will blame themselves rather than social structures, which in any case they have been induced into believing do not really exist (they are just excuses, called upon by the weak). What Smail calls ‘magical voluntarism’ – the belief that it is within every individual’s power to make themselves whatever they want to be – is the dominant ideology and unofficial religion of contemporary capitalist society, pushed by reality TV ‘experts’ and business gurus as much as by politicians. Magical voluntarism is both an effect and a cause of the currently historically low level of class consciousness. It is the flipside of depression – whose underlying conviction is that we are all uniquely responsible for our own misery and therefore deserve it.
"Good for nothing", Mark Fisher
Quien ama no se aferra tan sólo a los «defectos» de la amada, ni a los caprichos o debilidades de una mujer; mucho más duradera e inexorablemente que cualquier belleza le atan las arrugas del rostro y las manchas de la piel, los vestidos raídos y un andar disparejo. Esto se sabe hace ya tiempo. ¿Y por qué? De ser cierta esa teoría según la cual las sensaciones no anidan en la cabeza, y sentimos una ventana, una nube o un árbol no en el cerebro, sino más bien en el lugar donde los vemos al contemplar a la mujer amada también estamos fuera de nosotros mismos. Aunque, en este caso, torturadamente tensos y embelesados. Deslumbrada, la sensación revolotea como una bandada de aves en el resplandor de la mujer. Y así como los pájaros buscan refugio en los frondosos escondites del árbol, las sensaciones huyen hacia las arrugas umbrosas, los gestos sin gracia y las manchas insignificantes del cuerpo amado, donde se acurrucan, seguras, como en un escondrijo. Y ningún paseante ocasional adivinará que precisamente ahí, en aquellos rasgos imperfectos, criticables, anida, veloz como una flecha, el ímpetu amoroso del adorador.
"Estas plantaciones se encomiendan a la protección del público"
Me gusta la escritura pastosa, aromática, líquida, pegajosa, rasposa, llena de arbustos, de costras, de abismos, de contradicciones, de incertidumbres.
Aunque, si me preguntas, siempre pienso que la escritura que más me gusta, es la que está en desventaja, la que está pudriendose sin cocinarse, la que nunca se logró, la que no existe fuera del cuerpo de quien no la ha escrito, y la trae atorada en la garganta, en el pecho, en el estómago, en las entrañas, en el culo, o corriendo por su sangre, o expulsándola a cada respiración. Esa es la que prefiero, la que me gusta pensar que mantiene viva a su autora, que se enfrenta al mundo como si fuera una gran piedra, y no logra tumbarla para escribir, pero sigue rumiando las palabras, sus sonidos, las ideas siguen flotando en su cabeza. Esa escritura se sigue añejando, sigue tomando un cuerpo, aunque nunca llegue a la hoja. Esa escritura que no se logra no me parece un fracaso, al contrario, su existencia fantasma sostiene la que si nace, la que sí anda.
For centuries, doors have been made both of stone and wood. In certain cultures, the spirit of the stone or wood was thought to be retained in the door, and it too was called upon to act as guardian in the room. Long ago, there were more doors to tombs than to homes, and the very image of door meant something of spiritual value was within, or that there was something within which must be kept contained.
Women Who Run with the Wolves
Persona/espejo
Hay personas que son espejos. Que son usadas como espejos, no porque así lo deseen, sino porque las otras las han convertido en eso. Ante los ojos de quienes se miran en ellas, la particularidad de sus rasgos son borrados, achatados y pulidos. Normalmente, cuando una persona se mira en esos espejos a los que no les confiere una identidad, sino solo una imagen de sí mismas, se siente incómoda con lo que mira, normalmente ve algo que debería ser y no ha sido. Sufre y se odia a sí misma y a quien usó de espejo. (Probablemente esa persona también alguna vez fue utilizada como un espejo). Después, puede ser muy violenta con la persona/espejo; puede herirla, incluso, destruirla, creyendo que el espejo tiene la culpa de lo que ve, o que de esa manera desaparecerá esa imagen imposible de complacer. Pero no es así, esa imagen existe en sus ojos, no en el espejo; lo que ve es a sí misma, la persona atacándose a sí misma, reclamándose por no ser como debería ser, tan inteligente como tendría que ser, o tan bella, o tan exitosa, o tan bondadosa, o tan joven, o tan popular, o tan rica, o tan superior, o mejor, o con más valor, o tan buena hija, o tan buena madre o padre, etc. Lo que sea que no ha podido renunciar a identificar con su imagen. La persona/espejo, por su parte, no siempre entiende lo que está pasando. Cuando la persona/imagenquemira la violenta, violentándose a sí misma, puede hasta morir. Cuando sobrevive, junta las partes de lo que es, que en realidad son células de piel, sangre, huesos y pelos, y sus pensamientos y emociones, su espíritu y alma, en fin, todo lo que es y a veces se siente culpable. Pero, cuando eso sucede, es importante que la persona/espejo entienda que fue víctima, que su misión no es ser espejo de nadie sino solo de sí misma. También es importante que aprenda a mirar profundamente en los ojos de quien la mira e identificar si esa persona está buscando mirarla y conocerla o encontrar a alguien a quien proyectar el odio que siente por sí misma.
Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado
Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se
alimenta de muchas especies y de sólo una. Las busca en la
noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí.
Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande,
con rizos, vestido celeste.
Un picaflor le trabaja el sexo.
Ella brama y llora.
Y el pájaro no se detiene.
GRAN AVENIDA
de
GLADYS GONZÁLEZ
"Los seres buenos se hacen mejores con el dolor;
los malos nos hacemos peores."
Gabriela Mistral
I
Paraderos
Paraíso
Aquí no hay glamour
ni bares franceses para escritores
sólo rotiserías con cabezas de cerdo
zapatos de segunda
cajas de clavos. martillos. alambres y sierras
guerras entre carnicerías vecinas y asados pobres
este no es el paraíso ni el anteparaíso
El territorio del corazón
Bajaba del colectivo
y miraba tu calle
desde Gran Avenida
hasta Santa Rosa
caminaba
alrededor de tu casa
marcando el territorio del corazón
como un perro
te esperaba
en las escaleras del metro
por si ibas a trabajar
en la mañana
o si regresabas
para almorzar
después
vino la noche
y Aretha Franklin
el ron con cocacola
y el whisky en los bares
las llamadas telefónicas
entre fiesta y fiesta
los viajes en taxi en la madrugada
para ir a buscarte borracho
a los paraderos
vinieron el descontrol
los baños públicos
las peleas
las esposas y las antiguas amantes
el viaje a Argentina
los perros muertos
los almuerzos en el mercado
y los poemas
todas las noches
te busco
sentada en las cunetas
donde vas a beber
te espero en el bar
hasta que se hace de día
y apareces
con un librito
en la gabardina
un librito
en el que está dibujado
mi corazón
Barquitos de papel
Veo la pobreza de mi barrio
las calles inundadas
llenas de barquitos de papel
que los niños recortan
Veo la pobreza de mi barrio
barquitos de papel
naufragando como lucecitas
en el barro
Me dice
Me dice que escribía en boletas
y papelitos de cigarros
mientras ella
se iba al baño
a mirarlo por la ventana
Me dice que ella es su muerte
y que no quiere morir todavía
porque la muerte
es mujer fatal
Me dice que ella es su crisantemo
y le recita haikus
en el cerro San Cristóbal
mientras los animales
se vuelven histéricos con la lluvia
Él recoge las mejores cartas
y las guarda en su libro de budismo
recitando mal a Girondo
mientras ella
se aleja
con sus senos de magnolia
volando
sobre la ciudad
La chica más linda
La chica más linda de la fiesta
tiene una bolsa plástica en la cabeza
marcas de tinta en los dedos
sus huellas digitales
en toda la ciudad
Un paradero
En Gran Avenida
hay un paradero
y una chica
que lo habita
su corazón está oxidado
como las vigas de metal
que sostienen la estructura
por tantas historias
tatuadas en forma violenta
sobre la superficie
en Gran Avenida
hay un paradero
aún más triste
y una chica que lo habita
un paradero que ha visto todo
y que se convierte
en el esperadero silencioso
de la persistencia
Cicatriz
El lado salvaje del amor,
muchacho,
me lo llevo
en este último viaje
junto a un toque de morfina
y con la sensación
de ser una eterna cicatriz
que vaga por la ciudad
Taxi
Tú y yo
en un taxi
mudos
cada uno en un extremo
el pelo mojado
y el viento
entrando por la ventana
esparciendo las cenizas del cigarrillo
mudos
sin excusas
para dejar
de volver a hacerlo
Doméstica
Esta primavera
he comenzado a hacer mi cama
todas las mañanas
después de levantarme
Busco domesticarme con pequeños rituales
lavar platos
pagar cuentas
hacer el desayuno
............. almuerzo
............. once
............. y cena
Busco la manera perfecta
de arreglar mi cabello
y de hacer aeróbicos
en el gimnasio
todo
para verte desde lejos
y engañarme
con que mi vida
ya no se escribe
hacia abajo
que ya no es
un verso largo
y menos un poema