domingo, marzo 22, 2026

sábado, marzo 21, 2026

 


Yo creo que el amor funciona así: cada vez que alguien ama a otro alguien (humano, montaña, perro, árbol, pájaro, culebra, gato, glaciar), el amor toma a ese alguien amado, que está afuera, y lo refleja hacia adentro del que siente el amor, creándole un paisaje interno que a medida que se enriquece con nuevos amores se va volviendo más y más amplio. Si el que siente amor es un humano que se empeña en amar solamente a otros humanos, su paisaje interno será un espacio lleno de reflejos de humanos y vacío de reflejos de cualquier otra cosa. Si el que siente el amor es un humano que ama humanos y también ama montañas, perros, árboles, pájaros, culebras, gatos y glaciares, entonces su paisaje interno tendrá que ser mucho más grande para que quepan los reflejos de todas esas personas, y así, sin enterarse, el humano que siente esos amores también le regala al reflejo de los graciares un refljo de una montaña en la que pueden apoyarse, y a los reflejos de pájaros les regala reflejos de árboles en los que pueden anidar, y así con todo lo que ama, potencialmente hasta el infinito. O sea, es como si el amor fuera coleccionista y su propósito fuera el de ayudar a nacer nuevos universos reflejados dentro de todos los seres capaces de amar.

Y creo que así funciona el dolor de la ausencia, cuando alguien amado (humano, montaña, perro, árbol, pájaro, culebra, gato, glaciar) muere o desaparece, el dolor llega al paisaje interno y ocupa ese vacío que quedó, y se va regando por sus formas intangibles hasta que deja untados a todos los reflejos con los que esa ausencia está conectada. Entonces, por ejemplo, en mi paisaje interno existe un reflejo de los glaciares tropicales que amo y que están desapareciendo. Cuando ya no estén más, el dolor va a llenar el espacio que antes ocupaban los glaciares y se va a ir regando y se va a mezclar con la neblina y con las montañas que los sostenía, y se va a mezclar con la neblina y con las lagunas, y se va a meter entre las plumas de los pájaros y entre los pelos de las hojas de los frailejones, y así hasta que todo en mi paisaje interno esté untado de dolor. Y luego el dolor mismo va a darle nuevas formas y nuevos brillos a ese paisaje. No se va a ir, pero se va a volver más blandito, más transparente, hasta que el paisaje se vuelva a ver casi como antes. Nunca igual. 

Mariana Matija
Niñapájaroglaciar 



Corine

 


Tout est magnifique

 


lunes, febrero 02, 2026

lunes, diciembre 15, 2025

jueves, diciembre 11, 2025



Un tronco cae en la cabeza de una mujer y no la mata


I.


Una vez me cayó un tronco en la cabeza y no me mató. Era grueso, no muy largo. Me encontraba en la fiesta de un amigo de mi hermana. Por suerte, el tronco estaba hueco, aun así era muy sólido y pesado. El anfitrión de la fiesta —un francés que vivía con su chico en un departamento grande, en medio de un barrio arbolado y lleno de cafés y gente paseando perros bañados oliendo a acondicionador— lo había comprado en un viaje a Chiapas; ahí los venden a turistas como tambores.


Como no conocía a casi nadie en la fiesta, me acerqué al librero para evadirme un poco —y también mirar con interés real— los libros que había. Di la espalda a lxs invitadxs detrás de mí y me sumergí en mi contemplación. No eran muchos. Estirando todos los minutos que ese acto podía salvarme de intentar interactuar, me volví hacia la fiesta; antes de decidir a dónde iba a ir a intentar integrarme, me recargué unos momentos en el librero. Ahí fue donde todo sucedió: al recargarme, lo moví un poco y el tronco, que se encontraba en su cima, rodó y cayó sobre mi cabeza. El golpe fue igual que el tronco: sólido y duro, pero, sobre todo, desconcertante. Para mí y para todxs en la fiesta, más que nada por el ruido que hizo al caer al piso después de su primer aterrizaje en mi cabeza.


Lo siguiente sucedió como en cámara lenta y rápida a la vez: corrieron a ver qué había pasado, me sentaron, me llevaron hielo, revisaron mi cabeza, me dieron agua, etc. Pero yo me sentía bien, en realidad sí me dolía, pero tampoco era tan intenso; ese día me había peinado un gran chongo con todo mi cabello
—que es crespo arremolinado justo en la copa de mi cabeza, esto amortiguó el golpe. Era más el susto lo que me tenía un poco paralizada.


Tanta atención de repente me obnubiló. Yo sentía que me veían con la necesidad de algo más, de que algo en verdad me pasara, como si les debiera un espectáculo; como que, si me hubiera desmayado, el suceso tendría un sabor más honorable, tendría más elegancia la vulgaridad del accidente, y entonces habría valido la pena detenerlo todo y hacerme el centro de atención. Pero no fue así, no hubo tal acontecimiento, yo seguía despierta, incómoda por la molestia que estaba causando. Permanecí sentada un rato, con un trapo lleno de hielos en la cabeza. Poco a poco, la gente a mi alrededor se fue disipando. Los hielos empezaron a derretirse y el agua fría resbalaba por mi cuello y mojaba mi ropa; empecé a sentir escalofríos.


No soporté mucho. Pocos minutos después me despedí, no porque me doliera el golpe del tronco en la cabeza, sino por la anatomía de las miradas: pasé de ser totalmente ignorada a ser demasiado vista, pero ahora me veían con sorpresa, preocupación y miedo de que en cualquier momento cayera al suelo convulsionándome y arruinara la fiesta. 


Después de convencer a mi hermana de que iba a estar bien, llamé un taxi y me fui. Le pedí, como favor especial, que ella se quedara disfrutando de la música y las bebidas. Llegué a mi casa, me acomodé en el sillón con una pequeña manta y me puse a ver la tele.
Mientras pasaban capítulos de alguna serie que ahora no recuerdo, lloré durante varias horas. Sentía algo en mí muy lastimado, pero no era la cabeza.


II.



Las palabras que podría utilizar para describir la sensación de un tronco cayendo en tu cabeza son:


golpe
sorpresa
ardor
aturdimiento
silencio
dolor
mareo
miedo
perturbación
muerte (posibilidad)
sangre (aunque ese día no sangré)
hormigueo
adormecimiento
vómito

vergüenza

tartamudeo

estupidez

desmayo

ganas de desaparecer



III.



He tenido otras veces una sensación similar: golpes atordecedores que vuelvo a sentir que debo desmayarme, que la ocasión lo amerita, pero no lo hago. Sigo despierta. No han sido golpes físicos, en el sentido estricto, han sido más bien emocionales, pero sí se manifiestan en el cuerpo. La misma sensación de adormecimiento, ardor, miedo, mareo, vómito, hormigueo, querer desaparecer, etc. se repite.


Una vez, por ejemplo, fue cuando el hombre con el que salía y de quien en poco tiempo me había enamorado, un par de semanas después de decirme que conmigo nunca pensó tener nada serio, llegó con su novia a una cena en la que yo me encontraba. Con ella, se fueron a vivir juntos
un par de meses después e hicieron planes para casarse. Cuando la conocí, una de las primeras cosas que noté fue su hermoso cabello: completamente lacio y brillante.


Otra vez, fue cuando me hablaron por teléfono para decirme que a mi sobrino lo habían matado unos sicarios en Iztapalapa. De este atormecimiento nunca me he recuperado; desde ahí sigo no desmayándome, sino siguiendo despierta, pero sintiendo el escalofrío de las gotas frías por mi espalda. Sigo llorando mientras veo la tele, voy al trabajo, cocino, me baño, me acuesto, etc. 




lunes, noviembre 24, 2025

miércoles, noviembre 19, 2025

 

A wound gives off its own light
surgeons say.
If all the lamps in the house were turned out
you could dress this wound
by what shines from it.

Una herida arroja luz propia,
dicen los cirujanos.
Si todas las luces de la casa estuvieran apagadas
podrías adornasr esta herida
con su brillo. 

Fragmento de La belleza del marido de Anne Carson, traducción de Ana Becciu 


viernes, noviembre 14, 2025

 


Mito sobre la escritura:


Mito

La escritura es apabullante. Quien escribe sufre por escribir. Desde la niñez lleva un diario y escribe cuentos y poemas. En la juventud, sabe que esa es su vocación y no puede renunciar a ella. La escritura le persigue, es su forma de vida. Come y respira escritura. 

Contramito

A veces la escritura habita con más timidez en algunas personas, asomándose apenas, como puntas de papeles que se escapan de una carpeta. 



jueves, noviembre 13, 2025

 


El que se va se lleva su memoria, 

su modo de ser río, de ser aire, 

de ser adiós y nunca. 


Rosario Castellanos 







jueves, octubre 16, 2025