jueves, mayo 14, 2026
jueves, abril 09, 2026
I saw my life branching out before me like the green fig tree in the story. From the tip of every branch, like a fat purple fig, a wonderful future beckoned and winked. One fig was a husband and a happy home and children, and another fig was a famous poet and another fig was a brilliant professor, and another fig was Ee Gee, the amazing editor, and another fig was Europe and Africa and South America, and another fig was Constantin and Socrates and Attila and a pack of other lovers with queer names and offbeat professions, and another fig was an Olympic lady crew champion, and beyond and above these figs were many more figs I couldn't quite make out. I saw myself sitting in the crotch of this fig tree, starving to death, just because I couldn't make up my mind which of the figs I would choose. I wanted each and every one of them, but choosing one meant losing all the rest, and, as I sat there, unable to decide, the figs began to wrinkle and go black, and, one by one, they plopped to the ground at my feet.
The Bell Jar
Sylvia Plath
sábado, abril 04, 2026
martes, marzo 31, 2026
sábado, marzo 28, 2026
domingo, marzo 22, 2026
sábado, marzo 21, 2026
Yo creo que el amor funciona así: cada vez que alguien ama a otro alguien (humano, montaña, perro, árbol, pájaro, culebra, gato, glaciar), el amor toma a ese alguien amado, que está afuera, y lo refleja hacia adentro del que siente el amor, creándole un paisaje interno que a medida que se enriquece con nuevos amores se va volviendo más y más amplio. Si el que siente amor es un humano que se empeña en amar solamente a otros humanos, su paisaje interno será un espacio lleno de reflejos de humanos y vacío de reflejos de cualquier otra cosa. Si el que siente el amor es un humano que ama humanos y también ama montañas, perros, árboles, pájaros, culebras, gatos y glaciares, entonces su paisaje interno tendrá que ser mucho más grande para que quepan los reflejos de todas esas personas, y así, sin enterarse, el humano que siente esos amores también le regala al reflejo de los graciares un refljo de una montaña en la que pueden apoyarse, y a los reflejos de pájaros les regala reflejos de árboles en los que pueden anidar, y así con todo lo que ama, potencialmente hasta el infinito. O sea, es como si el amor fuera coleccionista y su propósito fuera el de ayudar a nacer nuevos universos reflejados dentro de todos los seres capaces de amar.
Y creo que así funciona el dolor de la ausencia, cuando alguien amado (humano, montaña, perro, árbol, pájaro, culebra, gato, glaciar) muere o desaparece, el dolor llega al paisaje interno y ocupa ese vacío que quedó, y se va regando por sus formas intangibles hasta que deja untados a todos los reflejos con los que esa ausencia está conectada. Entonces, por ejemplo, en mi paisaje interno existe un reflejo de los glaciares tropicales que amo y que están desapareciendo. Cuando ya no estén más, el dolor va a llenar el espacio que antes ocupaban los glaciares y se va a ir regando y se va a mezclar con la neblina y con las montañas que los sostenía, y se va a mezclar con la neblina y con las lagunas, y se va a meter entre las plumas de los pájaros y entre los pelos de las hojas de los frailejones, y así hasta que todo en mi paisaje interno esté untado de dolor. Y luego el dolor mismo va a darle nuevas formas y nuevos brillos a ese paisaje. No se va a ir, pero se va a volver más blandito, más transparente, hasta que el paisaje se vuelva a ver casi como antes. Nunca igual.
Mariana Matija
Niñapájaroglaciar