lunes, diciembre 22, 2025
lunes, diciembre 15, 2025
viernes, diciembre 12, 2025
jueves, diciembre 11, 2025
Una vez me cayó un tronco en la cabeza y no me mató. Era grueso, no muy largo. Me encontraba en la fiesta de un amigo de mi hermana. Por suerte, el tronco estaba hueco, aun así era muy sólido y pesado. El anfitrión de la fiesta —un francés que vivía con su chico en un departamento grande, en medio de un barrio arbolado y lleno de cafés y gente paseando perros bañados oliendo a acondicionador— lo había comprado en un viaje a Chiapas; ahí los venden a turistas como tambores.
Como no conocía a casi nadie en la fiesta, me acerqué al librero para evadirme un poco —y también mirar con interés real— los libros que había. Di la espalda a lxs invitadxs detrás de mí y me sumergí en mi contemplación. No eran muchos. Estirando todos los minutos que ese acto podía salvarme de intentar interactuar, me volví hacia la fiesta; antes de decidir a dónde iba a ir a intentar integrarme, me recargué unos momentos en el librero. Ahí fue donde todo sucedió: al recargarme, lo moví un poco y el tronco, que se encontraba en su cima, rodó y cayó sobre mi cabeza. El golpe fue igual que el tronco: sólido y duro, pero, sobre todo, desconcertante. Para mí y para todxs en la fiesta, más que nada por el ruido que hizo al caer al piso después de su primer aterrizaje en mi cabeza.
Lo siguiente sucedió como en cámara lenta y rápida a la vez: corrieron a ver qué había pasado, me sentaron, me llevaron hielo, revisaron mi cabeza, me dieron agua, etc. Pero yo me sentía bien, en realidad sí me dolía, pero tampoco era tan intenso; ese día me había peinado un gran chongo con todo mi cabello —que es crespo— arremolinado justo encima de mi cabeza, esto amortiguó el golpe. Era más el susto lo que me tenía un poco paralizada.
Tanta atención de repente me obnubiló. Yo sentía que me veían con la necesidad de algo más, de que algo en verdad me pasara, como si les debiera un espectáculo; como que, si me hubiera desmayado, el suceso tendría un sabor más honorable, tendría más elegancia la vulgaridad del accidente, y entonces habría valido la pena detenerlo todo y hacerme el centro de atención. Pero no fue así, no hubo tal acontecimiento, yo seguía despierta, incómoda por la molestia que estaba causando. Permanecí sentada un rato, con un trapo lleno de hielos en la cabeza. Poco a poco, la gente a mi alrededor se fue disipando. Los hielos empezaron a derretirse y el agua fría resbalaba por mi cuello y mojaba mi ropa; empecé a sentir escalofríos.
No soporté mucho. Pocos minutos después me despedí, no porque me doliera el golpe del tronco en la cabeza, sino por la anatomía de las miradas: pasé de ser totalmente ignorada a ser demasiado vista, pero ahora me veían con sorpresa, preocupación y miedo de que en cualquier momento cayera al suelo convulsionándome y arruinara la fiesta.
Después de convencer a mi hermana de que iba a estar bien, llamé un taxi y me fui. Le pedí, como favor especial, que ella se quedara disfrutando de la música y las bebidas. Llegué a mi casa, me acomodé en el sillón con una pequeña manta y me puse a ver la tele. Mientras pasaban capítulos de alguna serie que ahora no recuerdo, lloré durante varias horas. Sentía algo en mí muy lastimado, pero no era la cabeza.
II.
Las palabras que podría utilizar para describir la sensación de un tronco cayendo en tu cabeza son:
golpe
sorpresa
ardor
aturdimiento
silencio
dolor
mareo
miedo
perturbación
muerte (posibilidad)
sangre (aunque ese día no sangré)
hormigueo
adormecimiento
vómito
vergüenza
tartamudeo
estupidez
desmayo
ganas de desaparecer
III.
He tenido otras veces una sensación similar: golpes atordecedores que vuelvo a sentir que debo desmayarme, que la ocasión lo amerita, pero no lo hago. Sigo. No han sido golpes físicos, en el sentido estricto, han sido más bien emocionales, pero sí se manifiestan en el cuerpo. La misma sensación de adormecimiento, ardor, miedo, mareo, vómito, hormigueo, querer desaparecer, etc. se repite.
Una vez, por ejemplo, fue cuando el hombre con el que salía y de quien en poco tiempo me había enamorado, un par de semanas después de decirme que conmigo nunca pensó tener nada serio, llevó a una reunión a su novia, con quien, un par de meses después, se fue a vivir e hizo planes para casarse. Cuando la conocí, una de las primeras cosas que noté fue su hermoso cabello: completamente lacio y brillante.
Otra vez, fue cuando me hablaron por teléfono para decirme que a mi sobrino lo habían matado unos sicarios en Iztapalapa. De este atormecimiento nunca me he recuperado; desde ahí sigo no desmayándome, siguiendo despierta, pero sintiendo el escalofrío de las gotas frías por mi espalda. Sigo llorando mientras veo la tele, voy al trabajo, cocino, me baño, me acuesto, etc.
miércoles, diciembre 03, 2025
lunes, noviembre 24, 2025
miércoles, noviembre 19, 2025
surgeons say.
If all the lamps in the house were turned out
you could dress this wound
by what shines from it.
Una herida arroja luz propia,
dicen los cirujanos.
Si todas las luces de la casa estuvieran apagadas
podrías adornasr esta herida
con su brillo.
Fragmento de La belleza del marido de Anne Carson, traducción de Ana Becciu
domingo, noviembre 16, 2025
viernes, noviembre 14, 2025
Mito sobre la escritura:
Mito
La escritura es apabullante. Quien escribe sufre por escribir. Desde la niñez lleva un diario y escribe cuentos y poemas. En la juventud, sabe que esa es su vocación y no puede renunciar a ella. La escritura le persigue, es su forma de vida. Come y respira escritura.
Contramito
A veces la escritura habita con más timidez en algunas personas, asomándose apenas, como puntas de papeles que se escapan de una carpeta.
jueves, noviembre 13, 2025
jueves, octubre 16, 2025
domingo, octubre 05, 2025
lunes, septiembre 29, 2025
sábado, septiembre 27, 2025
“You’re smarter than me,” she would say, though no one else had ever told me so. “You just don’t have proof yet.”
And I believed her. Because if anyone could see through the skin of this world, it was Aadya. She had always known how to decode the system ; while others focused on its forms and rules, Aadya mapped the silences, threading the spaces between questions where truth could be hidden. She once told me the world wasn’t made of facts or laws but choices, and who got to make them. “Being seen,” she said, “is the first privilege.” She said it like it hurt.
"The Year My Sister Became a Border" de Sharon Aruparayil y Kaya Joan
martes, septiembre 23, 2025
martes, septiembre 16, 2025
lunes, septiembre 15, 2025
viernes, septiembre 12, 2025
jueves, septiembre 04, 2025
Consideraciones se deben tomar cuando se hace una consulta al I Ching:
- No se deben formular preguntas dicotómicas (que se contesten con Sí o No).
- Siempre se deberá de preguntar en primera persona, nunca en nombre de alguien más.
- La pregunta deberá tener la intención de conocer algo de sí mismx en relación con el mundo y el universo.
- El I Ching no predice el futuro, ayuda a entender el presente, incluso cuando se le pregunta acerca del pasado.
- El I Ching no nos dice nada nuevo, sino ayuda a verbalizar lo que ya sabemos. La información que nuestro cuerpo y alma guardan.
- La pregunta que se formule debe ser sincera y nacer de una necesidad real.
- El I Ching son metáforas, imágenes, escenas a veces misteriosas, no siempre es fácil de descifrar, implica esfuerzo y apertura.
- A veces, su respuesta puede ser avasalladora. Otras, de plano, no contesta.
- Muchas veces no es clara su respuesta, pero la poesía con la que describe el mundo basta para verlo de una manera distinta: más brillante y espeso.
- Si se tiene suerte, una sola palabra puede contener todo lo que necesitábamos escuchar.
Summer
martes, septiembre 02, 2025
sábado, agosto 30, 2025
viernes, agosto 15, 2025
domingo, agosto 03, 2025
martes, julio 22, 2025
El oficio de limpiar, el caos y la escritura
Pocas cosas disfruto más que limpiar mi casa. Levantarme temprano para aprovechar la amarilla luz matutina que entra por el baño, y limpiar cada una de las líneas de pegamento que separan los mosaicos de la pared y el piso. Barrer la alfombra y caminar de puntitas por las orillas para no pisarla y no estropear la superficie parejita de los pelos volteando todos hacia un mismo lado. Contemplar el fregadero vacío, los trastes en su sitio, la mesa brillante y las hojas de las plantas limpias; ya es el paraíso cuando logro sacar la basura ese mismo día. Después de esto, contemplo desde diferentes ángulos mi obra; luego, me gusta dormir, siento que floto junto con las partículas de los aromas de pinol y jabón Roma y Zote que se difuminan poco a poco.
Creo que las personas a las que no les gusta limpiar porque lo relacionan con el trabajo y la explotación (en las mujeres lo entiendo, pero en los hombres... no se pasen...) se pierden de practicar una metodología aplicable a cualquier disciplina del orden y de la satisfacción de la recompensa por un trabajo duro y la sensación de que estás cuidando de ti y del espacio que te permite habitar y relajarte.
Siento algo similar cuando escribo, le pongo orden al alboroto de las ideas en mi cabeza y al caos de las emociones atoradas en mi pecho y en mi garganta con carraspera. Luego contemplo el orden de las letras, los puntos y las comas y siento también que floto entre aromas y texturas organizados armoniosamente.
Luego, la casa se ensucia nuevamente, en un par de horas o en días. Pero esto es importante y no debe ser decepcionante porque nos recuerda que la falsa idea de la quietud y estabilidad que siempre estamos persiguiendo --el momento preciso en que ya encontramos el trabajo, la pareja, la casa, el peso, el cabello o la piel perfecta, o que ya estamos libres de deudas y pendientes-- es solo una sensación momentánea, como cuando terminaste de limpiar o pusiste punto final a un texto, pues luego vuelve el caos, el desorden, los pendientes, los pleitos y más emociones e ideas a las que nuevamente hay que llevar a la página para peinarlas, pulirles los zapatitos, cortar sus uñas, coser las bastillas, etc.
lunes, julio 21, 2025
Un millón de cuartos propios, Tamara Tenenbaum
domingo, julio 20, 2025
sábado, julio 19, 2025
lunes, julio 07, 2025
sábado, junio 28, 2025
lunes, junio 09, 2025
Las Kodak girls
En las décadas del veinte y treinta del siglo pasado, la empresa Kodak cambió el público a quien iba dirigida la publicidad de las cámaras portátiles, de las familias giró y se dirigió ahora hacia las mujeres independientes, considerándolas principales usuarias de la nueva tecnología. Esta publicidad "autorizaba" a las mujeres a andar en los espacios públicos y retratarlos, interpretar el munto a través de su mirada. La tecnología le daban a la mujer un "derecho a mirar" que antes no tenía y que Kodak aprovechó al máximo en su publicidad.
sábado, junio 07, 2025
viernes, junio 06, 2025
miércoles, junio 04, 2025
viernes, mayo 30, 2025
lunes, mayo 26, 2025
Mujeres que molestan mujeres
Hay mujeres de manos largas que molestan a las mujeres de manos cortas. Desde lo lejos, extienden sus largos dedos hasta alcanzarlas. Les pican las costillas, les jalan las greñas, les tapan la boca, las toman de las pantorrillas para hacerlas tropezar, les pican los ojos, las ahorcan, las abofetean, las aprietan de las muñecas, etc. Cuando una mujer de manos cortas se ha ganado el odio de una mujer de manos largas, en cualquier momento puede sufrir un ataque.
Tuve una vez una jefa de manos y dedos muy largos. Su piel estaba cubierta de manchas porque ya era vieja. Sus dedos deformes llevaban anillos de oro con rubíes y esmeraldas. Aunque yo me encontraba lejos de ella, en otro edificio, en otra colonia o en otra ciudad, sus manos me alcanzaban. Me tapaban la boca y nariz para que no pudiera hablar ni respirar. A veces me pellizcaba o me clavaba las uñas. En las puntas, sus dedos tenían pequeñas boquitas con dientecitos que me mordían y arrancaban trozos de piel. Por mucho tiempo llevé moretones y heridas abiertas todo el tiempo. Yo trataba de esquivar sus ataques pero pocas veces lo lograba, mis manos eran demasiado pequeñas para sostener las suyas, además, ella tenía un séquito de mujeres de manos pequeñas, pero de ojos y orejas grandes, y de odios y miedos aún más grandes que la ayudaban. Le avisaban cuando yo estaba desprevenida o me empujaban entre varias a un sitio en el que mi jefa pudiera mejor alcanzarme y jalonearme y sacudirme.
Terminó aplastándome de un manotazo. Un día que estaba molesta porque hacía calor, y en el que su asistente le había servido el café muy caliente, su chofer había llegado tarde y había pisado un charco por accidente llevando sus zapatos de gamuza miel que tanto le gustaban y que había comprado en un viaje a Chicago con su esposo.
Me gané su odio no por tener manos pequeñas sino por no sentir vergüenza por ello; por no pedirle perdón cada vez que me llamaba a su oficina y presentarme ante ella con manos tan cortas; por no codiciar sus largos dedos y todas sus habilidades. Por no alabarlos, como lo hacían las otras mujeres, las que me utilizaban para entretenerla: se arrodillaban cuando ella pasaba y siempre la acompañaban y seguían a todos lados. Hay un nombre para las mujeres de manos cortas que apoyan a las mujeres de manos largas, así las llamamos, pero hoy no lo voy a escribir.